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Es lícito lo que promueve la dignidad personal e ilícito lo que la vulnera. Die Menschenwürde ist unantastbar (la dignidad humana es inviolable). Esa proposición, situada en el frontispicio de la constitución alemana como fundamento moral de toda legislación, debe ser también el paradigma ético de la bioética. 
José Luis del Barco
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El ADN, clave de la identidad genética
OBSERVATORIO DE BIOETICA UCV 16 mayo, 2024

25/05/2024
Por biolog√≠a, sabemos que lo que mejor identifica a un individuo como perteneciente a una especie concreta es su acervo gen√©tico, es decir, la informaci√≥n contenida en las mol√©culas de su ADN. El genoma, la informaci√≥n contenida en el ADN de las c√©lulas, identifica la especie a que pertenece cada organismo e identifica individualmente a cada miembro de la especie por sus dos caracter√≠sticas especiales: su ‚Äúindividualidad‚ÄĚ, la propiedad de ser irrepetible entre distintos miembros de la especie (salvo los casos de gemelos monocig√≥ticos), y su ‚Äúcontinuidad‚ÄĚ a lo largo de la vida (salvo mutaciones ocasionales en algunas c√©lulas del conjunto del organismo).

La irrepetibilidad de la información genética de cada miembro de la especie es consecuencia de los mecanismos generadores de la diversidad (fundamentalmente de las mutaciones y la recombinación generada mediante los mecanismos de la reproducción sexual). A su vez las mutaciones pueden deberse a cambios, pérdidas o adiciones de bases nucleotídicas en el ADN, u otras más amplias que afectan a regiones cromosómicas o incluso cromosomas completos. Al final, un genoma con más de 3.100 millones de pares de bases nucleotídicas en su ADN, como es el humano, es por volumen y capacidad de variación prácticamente irrepetible. La diversidad entre los individuos de la especie no solo afecta a la parte del genoma que se expresa (exones de unos 21.000 genes) que constituye tan solo un 2%, sino además al 98 % restante, que incluye las regiones de los genes que no se traducen en proteínas (intrones), regiones reguladoras no codificantes, zonas repetitivas y no repetitivas no codificantes, restos de genes que ya no se expresan (pseudogenes), etc.

El mejor marcador de la diversidad entre los individuos de la especie es el ADN que los diferencia y se conserva de principio a fin a lo largo del ciclo biológico en todas las células. Por supuesto pueden darse mutaciones, pero su frecuencia es enormemente baja y su tolerancia está sometida al control de sistemas moleculares muy eficaces de reparación. En el hombre una mutación en un gen puede tener una frecuencia del orden de 1 en 100.000 a 1 en 1.000.000 por generación.

Otra cosa es el fenotipo, como por ejemplo las huellas dactilares, el color del iris de los ojos o cualquier otro rasgo f√≠sico determinado por sistemas polig√©nicos. Son fenotipos determinados por cientos de genes en cuya manifestaci√≥n inicial intervienen factores ambientales y fen√≥menos epigen√©ticos locales, que act√ļan desde su formaci√≥n y pueden determinar variaciones de expresi√≥n sin cambios en la informaci√≥n del ADN.

Lo que determina la diferenciación de las células y los cambios morfogenéticos desde el estado embrionario al final de la vida, es la información de los genes y su capacidad de expresión, que puede variar dentro de un rango más o menos limitado por los factores epigenéticos y la influencia del conjunto del genoma.

En consecuencia, tras la fecundación, si el cigoto formado procede de gametos humanos, estamos ante un ser humano y como tal se desarrollará, pues la naturaleza del organismo no cambia a lo largo del ciclo biológico. Al margen de lo que nos dice la biología, en el caso de los seres humanos, a la materialidad corporal se une de forma indisoluble un componente espiritual, que por su propia indisolubilidad le es inherente a cada ser individual.

Ci√Ī√©ndonos a lo biol√≥gico, frente a la fortaleza del concepto de ‚Äúidentidad gen√©tica‚ÄĚ, asociada al papel determinante de la informaci√≥n del ADN, han surgido algunas ideas controvertidas que tratan de minimizar su importancia. En el libro ‚ÄúThe Master Builder‚ÄĚ (John Murray Press, 2023), del bi√≥logo Alfonso Mart√≠nez Arias de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, se sostiene que ‚Äúno son nuestros genes los que definen qui√©nes somos, sino nuestras c√©lulas‚ÄĚ. Es decir, se propone otorgar a las c√©lulas el papel de determinante de la identidad, en lugar de al ADN.

Lo primero a se√Īalar es que hay en esto un mal empleo de la palabra ‚Äúidentidad‚ÄĚ. El diccionario de la RAE dice que la identidad es el ‚Äúconjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracteriza frente a los dem√°s‚ÄĚ. Desde la Biolog√≠a m√°s elemental, si ascendemos en los niveles de organizaci√≥n que caracterizan a un individuo, ADN, c√©lulas, tejidos, √≥rganos, individuos, poblaciones, especies‚Ķ el √ļnico del que dependen los ‚Äúrasgos propios‚ÄĚ que determina las diferencias, es el ADN, la informaci√≥n gen√©tica. Las diferencias a todos los niveles superiores de organizaci√≥n se deben a la expresi√≥n de los genes que poseen, empezando por los m√°s de 200 tipos de especialidades celulares que intervienen en la organizaci√≥n supramolecular de un mam√≠fero. La identidad gen√©tica es una propiedad inherente y espec√≠fica de cada individuo desde la fecundaci√≥n a la muerte.

Un tipo de afirmaci√≥n discutible en el intento de destronar al ADN de su papel biol√≥gico identitario es decir que ‚Äúnada en nuestro ADN explica por qu√© el coraz√≥n est√° en el lado izquierdo del cuerpo, cu√°ntos dedos tenemos o incluso c√≥mo nuestras c√©lulas logran reproducirse‚ÄĚ, o que ‚Äúel largo linaje de nuestras c√©lulas (que se remonta a la primera c√©lula o cigoto producido tras la fecundaci√≥n) como sus intrincadas interacciones dentro de nuestros cuerpos, hoy nos hacen quienes somos‚ÄĚ. Estas afirmaciones no se sostienen desde los conocimientos acumulados por la Gen√©tica del Desarrollo. Los genes, no las c√©lulas, son los que proporcionan la informaci√≥n, los planos de la obra para edificar el organismo con todos sus componentes y detalles diferenciales, de los que las c√©lulas son los m√°s b√°sicos. La morfog√©nesis para la edificaci√≥n del organismo responde a las instrucciones del genoma, especificadas en los tramos de informaci√≥n de los genes (especialmente el 2% constitutivo de los exones de los genes). Los materiales para la construcci√≥n del organismo se van incorporando siguiendo las instrucciones de estos y se van ejecutando de forma ordenada y regular, siendo el primer resultado la diferenciaci√≥n celular. Esta depende de los estados fisiol√≥gicos de actividad de los genes ‚Äúestructurales‚ÄĚ bajo la batuta de los ‚Äúgenes reguladores‚ÄĚ. M√°s adelante volvemos sobre esto.

Antes conviene decir que no tiene sentido afirmar que ‚Äúun organismo es obra de las c√©lulas. Los genes solo proporcionan los materiales‚ÄĚ. Es justo lo contrario, el organismo, con todas sus c√©lulas, tejidos y √≥rganos, son los materiales resultantes finales de las instrucciones contenidas en los genes. Para que haya un edificio debe haber antes unas instrucciones y un programa ordenado de actuaci√≥n. Las c√©lulas son los materiales que se incorporan de forma ordenada de acuerdo con la informaci√≥n de los genes que contienen y que marcan las diferencias funcionales entre ellas.

Podemos estar de acuerdo en parte con la afirmaci√≥n de que ‚Äúla aut√©ntica maravilla es c√≥mo un mismo genoma puede construir estructuras tan diferentes como un ojo y un pulm√≥n en el mismo organismo‚ÄĚ, pero eso es precisamente el resultado de la existencia de un plan, un programa gen√©tico de desarrollo. Cuando de una c√©lula pluripotente del embri√≥n, f√≠sicamente similar a otra, se activan unos genes y se silencian otros, esto ocurre de acuerdo con el momento y posici√≥n que ocupa la c√©lula en el conjunto del embri√≥n en crecimiento. Por eso decimos, entre otras razones, que un embri√≥n no es un amasijo de c√©lulas todas iguales, sino un organismo en pleno desarrollo.

Hay genes que env√≠an se√Īales a las c√©lulas de su entorno. Estas se√Īales llegan con mayor fuerza a las c√©lulas m√°s pr√≥ximas del entorno embrionario, lo que, dependiendo de la proximidad y posici√≥n, determina cambios del estado epigen√©tico y por tanto la expresi√≥n de los genes de las c√©lulas, estableci√©ndose gradientes de expresi√≥n intercelular, lo que a la postre determina las diferencias en su especializaci√≥n. De este modo se establece una ruta espec√≠fica en cada parte del embri√≥n en desarrollo hacia la diferenciaci√≥n de los tejidos y √≥rganos, para que al final de lo que parec√≠a un aglomerado uniforme de c√©lulas resulte tejido nervioso, epitelial, etc. y m√°s adelante un ojo o un pulm√≥n.

A pesar de las diferencias funcionales, todas las c√©lulas del organismo, pertenezcan a un ojo, un pulm√≥n, el ri√Ī√≥n o cualquier otro √≥rgano, aunque conservan la misma informaci√≥n gen√©tica constituida en el momento de la fecundaci√≥n se diferencian solo en los genes que est√°n activos en cada una de ellas. La diferenciaci√≥n celular, es decir, la especializaci√≥n celular, es el producto de la actividad o silenciamiento diferencial de los genes y no al rev√©s.

Antes mencionamos dos tipos de genes, los ‚Äúreguladores‚ÄĚ y los ‚Äúestructurales‚ÄĚ. Los primeros son jer√°rquicamente los m√°s importantes, son los que dirigen los pasos que abocan a la diferenciaci√≥n celular, y los que determinan donde y cuando durante el desarrollo que sucede inmediatamente a la fecundaci√≥n se han de expresar los ‚Äúgenes estructurales‚ÄĚ, a los que se deben las diferencias funcionales de las c√©lulas (diferencias prote√≥micas). El mejor parang√≥n para explicar esto es el de una orquesta que ha de desarrollar una sinfon√≠a. Los genes reguladores son equivalentes al director, que con su batuta dirige a los distintos m√ļsicos, representados los por genes estructurales, que intervienen de forma ordenada solo cuando les indica el director. Este era uno de los s√≠miles favoritos del genetista y m√©dico franc√©s J√©r√īme Lejeune (1926-1994) para explicar c√≥mo se desarrolla la ‚Äúsinfon√≠a de la vida‚ÄĚ en sus primeras etapas.

Lo que la Gen√©tica del Desarrollo nos ha ense√Īado es precisamente c√≥mo se lleva a cabo el cumplimiento de un programa que se ejecuta de forma ordenada en espacio y tiempo para que se vayan diferenciando unas c√©lulas de otras, y de acuerdo con su posici√≥n en el embri√≥n, en cuya c√ļspide jer√°rquica est√° el ADN, los genes.

En el libro ‚ÄúThe Master Builder‚ÄĚ, se sostiene que la existencia de personas con dos genomas distintos (quimeras) desaf√≠a la idea de que sea el ADN el que define la identidad, en favor de las c√©lulas. Sin embargo, la probabilidad de supervivencia de los embriones procedentes de la fusi√≥n de dos cigotos o dos embriones tempranos, es un fen√≥meno extremadamente raro. Su supervivencia depende de que las instrucciones del desarrollo no queden alteradas. Estos embriones pueden ser viables siempre que no haya interacciones entre genes o no existan alteraciones en genes vitales incompatibles con la vida. El que por accidente convivan dos identidades gen√©ticas no cambia la jerarqu√≠a del ADN como centro coordinador del desarrollo y la propia inviabilidad de la mayor√≠a de ellos demuestra la necesidad de un equilibrio de la informaci√≥n del genoma para potenciar la edificaci√≥n regular del organismo. En esto no hay diferencias con el desarrollo de un organismo a partir de un cigoto procedente de una fecundaci√≥n normal.

Desde la perspectiva bioética nada cambia respecto al respeto debido a la vida embrionaria desde la fecundación, cuando queda constituida la identidad genética que constituye el nuevo ser. El cigoto unicelular es la primera realidad corporal de un nuevo ser.

Es dif√≠cil no relacionar el intento de se√Īalar a las c√©lulas y no al ADN, como determinantes de la identidad, con la intenci√≥n de rebajar el estatus moral de los embriones. Surge cuando aparecen los embriones sint√©ticos o seudoembriones, construidos a base de ensamblar c√©lulas procedentes de embriones producidos por fecundaci√≥n in vitro y cuando se intensifican las voces de investigadores que reclaman el inter√©s por utilizarlos en investigaci√≥n. Este tipo de intento se parece mucho a lo que pas√≥ con el falso concepto de ‚Äúpreembri√≥n‚ÄĚ, con el fin de enmascarar la aut√©ntica naturaleza de los embriones humanos de menos de 14 d√≠as, y nos recuerda tambi√©n, la etapa de hace unos 25 a√Īos, cuando se negaba la naturaleza de los embriones humanos procedentes de fecundaci√≥n in vitro para poder utilizarlos como fuente de c√©lulas madre para experimentaci√≥n, hoy en v√≠a muerta tras la aparici√≥n de alternativas m√°s √©ticas.

Autor: Nicol√°s Jouve
Catedrático Emérito de Genética de la Universidad de Alcalá.
Ex miembro del Comit√© de Bio√©tica de Espa√Īa.
Miembro del Observatorio de Bioética de la UCV
 
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