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Neuromejora
Neuromejora: de la vanguardia científica y tecnológica a las dificultades y límites planteados por la filosofía de la mente y la bioética

07/03/2022
Recensión y primer análisis de un artículo sobre la materia publicado en la Revista Iberoamericana de Bioética.

Recientemente, la Revista Iberoamericana de Bio√©tica ha publicado un interesante art√≠culo sobre neuromejora, en el que se abordan sus dificultades y l√≠mites desde la perspectiva de la filosof√≠a de la mente y la bio√©tica (Biscaia Fern√°ndez, 2021). Se trata, evidentemente, de una cuesti√≥n de m√°xima actualidad en el campo de las aplicaciones biom√©dicas, que este Observatorio sigue de cerca (ver aqu√≠ y aqu√≠) y que el art√≠culo aborda desde una perspectiva divulgativa orientada a un p√ļblico de amplio espectro no necesariamente especializado en estas cuestiones.
En general, son tres las distinciones que ofrece el artículo al que nos referimos:

En primer lugar, la distinci√≥n entre aquellas aplicaciones neurocient√≠ficas que emplean t√©cnicas meramente evaluativas y las que usan m√©todos intervencionistas, que por su alcance biopsicosocial exigen un ineludible debate filos√≥fico y bio√©tico. Entre este tipo de intervenciones, destacan el uso de neurof√°rmacos, la utilizaci√≥n de c√©lulas madre e implantes de tejido nervioso, el empleo de neurodispositivos moduladores (como la estimulaci√≥n magn√©tica transcraneal [EMT], la estimulaci√≥n el√©ctrica transcraneal [EET], la te¬≠rapia electroconvulsiva [TEC] o la estimulaci√≥n cerebral profunda [ECP]); tambi√©n, el uso de interfaces cerebro-computador (ICC) por medio de la Inteligencia artificial (AI), si bien estos √ļltimos no son todav√≠a aplicables a la pr√°ctica cl√≠nica por encontrarse en fase de desarrollo.
En segundo lugar, la distinci√≥n entre los dos grandes nudos reflexivos de la filosof√≠a de la mente, a saber: los problemas conceptuales sobre la lectura, control y transferencia mental, y las dificultades ontol√≥gicas relacionadas con la identidad de un eventual ‚ÄúHomo c√≠borg‚ÄĚ.
Por √ļltimo, la distinci√≥n, en sede de fundamentaci√≥n bio√©tica, entre lo factible y lo √©ticamente plausible; o lo que es lo mismo: entre la neurotecnolog√≠a al servicio del tratamiento y la mejora neuronal, y la neuro√©tica como aplicaci√≥n de los principios bio√©ticos cl√°sicos a la neuromejora. La perspectiva del estudio es, por tanto, marcadamente principialista. Y esto nos previene un poco frente al trabajo, pues las repercusiones sobre la identidad personal e incluso el futuro de la naturaleza humana de los temas que aborda, aconsejar√≠a tomar en consideraci√≥n, profusamente, la bio√©tica personalista.
La neuroética y transhumanismo moderado. Dos definiciones controvertidas
El art√≠culo presenta a la neuro√©tica como el ¬ęcentinela bio√©tico¬Ľ de la investigaci√≥n sobre el sistema nervioso y del tratamiento de enfermedades neuropsiqui√°tricas, al tiempo que describe el transhumanismo como una disciplina ¬ęque surgi√≥ con el empe√Īo de reflexionar sobre el uso tecnol√≥gico en la mejora humana¬Ľ. No compartimos plenamente estas definiciones. A nuestro juicio, el transhumanismo no reflexiona sobre el uso de la tecnolog√≠a para la mejora humana, sino que lo considera un imperativo √©tico, un deber moral (Bostrom, 2003) No es, en consecuencia, una disciplina tan ‚Äúneutra‚ÄĚ como la presenta el autor. Y la neuro√©tica, por m√°s que se quiera revestir de un estatuto privilegiado respecto de la bio√©tica (√©l habla, en particular, de ¬ębio√©tica m√©dica¬Ľ) no es, en nuestra opini√≥n, sino una de sus ramificaciones.
Jos√© Miguel Biscaia, en efecto, cita a Kathinka Evers (Evers, 2011), para sostener que la neuro√©tica trasciende la mera especializaci√≥n bio√©tica avanzando hacia la revisi√≥n de la filosof√≠a cl√°sica a la luz de las ciencias del cerebro. Evers parece olvidar que la Bio√©tica es una √©tica aplicada. Por consiguiente, es la concreci√≥n de la Filosof√≠a pr√°ctica en un contexto muy definido. Y si en algo consiste la filosof√≠a, es en la continuidad de un nexo hist√≥rico de di√°logo acerca de las cuestiones √ļltimas (Spaemann, 2004, p√°g. 91). Como se√Īala F. Copleston, lo que se destaca en la Filosof√≠a son la continuidad y las conexiones, la acci√≥n y la reacci√≥n, la sucesi√≥n de tesis y ant√≠tesis. Esto es as√≠ porque la Filosof√≠a no es inmanencia, sino que crece y se desarrolla cambiando o renovando sus puntos de vista y aumentando su n√ļmero gracias a nuevos enfoques o al planteamiento de nuevos problemas y situaciones (Copleston, 2004, p√°g. 18). De hecho, y pese a que Fritz Jahr y Potter concibieran la Bio√©tica en sus inicios como una ¬ęciencia de la supervivencia¬Ľ, haci√©ndole adoptar la forma de una advertencia apocal√≠ptica sobre los riesgos de un ecosistema global herido de gravedad por la acci√≥n del hombre, muy pronto, y bajo la gu√≠a de Andr√© Hellegers y los creadores del Kennedy Center, la Bio√©tica evolucion√≥ hacia la revitalizaci√≥n human√≠stica de la Medicina y de las Ciencias biol√≥gicas relacionadas con el bienestar humano.

En estos √°mbitos, es cierto que nuestro tiempo plantea nuevos retos que cuestionan los l√≠mites tradicionales de las capacidades humanas y, en consecuencia, no es exagerado afirmar que, en lo que llevamos del presente siglo, lo que anta√Īo se ten√≠a moralmente obvio parece haber perdido su car√°cter incuestionado. Como tampoco lo es afirmar que la √Čtica general parece escindirse en un abanico de √©ticas aplicadas, de car√°cter sectorial, depositarias cada cual de su propio guion(Pardo, 2006, p√°g. 146). Ahora bien: si la Filosof√≠a Moral no dio respuesta en su momento a los dilemas que hoy nos acucian fue, sencillamente, porque estos problemas todav√≠a no se hab√≠an planteado. Pero esto no implica que no pueda responder a los nuevos retos que se le plantean y que, en consecuencia, sea necesario el desarrollo de ¬ęnuevas √©ticas¬Ľ. Tampoco implica, por supuesto, que la neuro√©tica sea una disciplina diferente a la bio√©tica y que esta no sea, en definitiva, sino una √©tica aplicada.

Por eso, entendemos que llamar neuroética a una rama de la bioética, que a su vez es una rama de la ética, que a su vez es una rama de la filosofía… (agota sólo pensar en este recorrido) responde más a la necesidad de algunos autores acuciados por la urgencia de encontrar su celda en la colmena de la comunidad académica, que una verdadera necesidad epistemológica.

Aun con todo, aceptaremos la distinción a la que apela el autor (y la comunidad científica refrenda) entre la neuroética aplicada, rama que identifica y analiza los dife­rentes problemas bioéticos que suscitan la actividad neurocientífica y el empleo de las aplicaciones neurotecnológicas; y la neuroética fundamental, que estudia desde una perspectiva neurobiológica, cognitiva y científica as­pectos tradicionalmente reservados a las humanidades y a las ciencias sociales como la conciencia, la identidad, el libre albedrío, la intencionalidad, el pensamiento, el juicio o la responsabilidad moral; y lo haremos sin recordar que, en el fondo, se trata de retomar las instancias de fundamentación y aplicación de la bioética, a saber: la filosofía y las ciencias médicas y experimentales. Nada nuevo, a nuestro juicio, bajo el sol de la filosofía. Tan sólo si cabe, mayor concreción.

En cualquier caso, el art√≠culo al que nos referimos se centra espec√≠ficamente en la neuro√©tica aplicada, cuyo objetivo, coincidimos con el autor, es ¬ęcrear un marco deontol√≥gico para las profesiones ‚Äúneuro‚ÄĚ; fomentar, tambi√©n, una reflexi√≥n profunda al respecto de cuestiones t√©cnicas y bio√©ticas como la determinaci√≥n de los estados cl√≠nicos de no-consciencia y de muerte cerebral(Bonete, 2010), la manipulaci√≥n y el control mental o el diagn√≥stico, tratamien¬≠to y mejora sensorial, motora, emocional y cognitiva mediante el empleo de la neuro¬≠tecnolog√≠a¬Ľ (Levy, 2014).

Respecto del transhumanismo, el autor se sit√ļa en la l√≠nea de Antonio Di√©guez, quien desde la cr√≠tica inicial parece haber virado a una suerte de transhumanismo moderado que el art√≠culo identifica como ‚Äútecnocient√≠fico‚ÄĚ oponi√©ndolo al cultural, cr√≠tico o ‚Äúposthumano‚ÄĚ. El transhumanismo ‚Äútecnocient√≠fico‚ÄĚ, al parecer, abogar√≠a por la utilizaci√≥n ‚Äúracional‚ÄĚ y ‚Äú√©tica‚ÄĚ de la tecnolog√≠a disponible para mejorar al ser humano. Ahora bien: una perspectiva ‚Äúracional‚ÄĚ y ‚Äú√©tica‚ÄĚ debe ser acorde con la naturaleza humana, pues cabe recordar que la √©tica es una reflexi√≥n surgida de la mente humana y no de un algoritmo cibern√©tico. Racional y √©tico es, por tanto, el empleo de la tecnolog√≠a al servicio de la terapia. Pero ¬Ņes racional y √©tico el uso de la tecnolog√≠a para el mejoramiento, para llevar al ser humano m√°s all√° de sus capacidades naturales? ¬ŅA qu√© se refieren los defensores del enhancement cuando hablan de un ¬ęuso racional¬Ľ: a evitar diferencias sociales en el acceso a las mejoras, a evitar efectos secundarios indeseados?

El carácter controvertido del enhancement neurocognitivo. La cuestión de los neuroderechos
No es lugar √©ste para desarrollar las dificultades que conllevar√≠an las eventuales consecuencias del enhancement neurocognitivo para una lectura ‚Äúracional‚ÄĚ y ‚Äú√©tica‚ÄĚ del mismo. En lo que nos interesa, s√≠ queremos se√Īalar que el autor distingue, dentro del transhumanismo tecnocient√≠fico, entre las aplicaciones para el me¬≠joramiento humano que se compadecen con una fusi√≥n (o al menos interacci√≥n) con dispositivos, m√°quinas o elementos artificiales e inorg√°nicos (vg: interfaces cerebro-ordenador), y las que se pueden englobar bajo el paraguas del biomejoramiento, es decir, todo el conjun¬≠to de avances y mejoras en la condici√≥n humana fruto del uso de sustancias que modifican nuestra biolog√≠a o mediante la mani¬≠pulaci√≥n directa de nuestros genes o de nuestra biolog√≠a celular (Di√©guez, 2017).
El art√≠culo de Biscaia se mueve en el marco de la neuro√©tica aplicada y el transhumanismo tecnol√≥gico, reflexionando sobre la tecnolog√≠a responsable del diagn√≥stico y trata¬≠miento de enfermedades neuropsiqui√°tricas y de la mejora cerebral, as√≠ como de los l√≠mites y problem√°tica que dichas aplicaciones suscitan. M√°s en concreto, cifra sus objetivos espec√≠ficos en la revisi√≥n de los √ļltimos avances de la vanguardia neurocient√≠fica y neurotecnol√≥gica, en la reflexi√≥n sobre sobre las dificultades conceptuales planteadas por la filosof√≠a de la mente y en la delimitaci√≥n de los l√≠mites bio√©ticos y de los eventuales riesgos sociales que podr√≠an derivarse del uso de estas tecnolog√≠as.
La raz√≥n de su inter√©s radica en que, m√°s all√° de los estudios gen√≥micos y el an√°lisis de biomarcadores que han resultado √ļtiles en el diagn√≥stico y caracterizaci√≥n de patolog√≠as neurodegenerativas y psiqui√°tri¬≠cas como las enfermedades de Parkinson, de Alzheimer o de Huntington, tambi√©n en la esclerosis m√ļltiple, la adicci√≥n a dro¬≠gas o la esquizofrenia; o m√°s all√° de las aplicaciones de la electrofisiolog√≠a y sobre todo la revoluci√≥n de la neu¬≠roimagen para el diagn√≥stico de graves patolog√≠as neurol√≥gicas como los accidentes cerebro¬≠vasculares los glioblastomas; m√°s all√° de todo eso, sostiene el art√≠culo y compartimos plenamente, la investigaci√≥n neurocient√≠fica con implantes de tejido nervioso y el empleo de neurodispositivos moduladores prev√©, por ejemplo, la utilizaci√≥n futura de c√©lulas madre para tratar lesiones medulares (Jin, 2019) o patolog√≠as neurodegenerativas como el Alzheimer, neurol√≥gicas como el Parkinson o trastornos psiqui√°tricos como la depresi√≥n. Y este uso es, desde una consideraci√≥n bio√©tica, muy controvertido.

Pero, sobre todo, las principales controversias que podr√≠an resultar de aplicaciones intervencionistas de las neurociencias ser√°n la posibilidad de la lectura, manipulaci√≥n y transferencia mental (por escaneo y por extensi√≥n de la mente), as√≠ como la eventual emergencia del ‚ÄúHomo c√≠borg‚ÄĚ y su discutida identidad. Es respecto de estas cuestiones donde el art√≠culo ser torna m√°s interesante. Por ellas recomendamos su lectura. Como tambi√©n por la necesidad de conocer, para discutir adecuadamente, los ‚Äúneuroderechos‚ÄĚ que el autor sugiere bas√°ndose en (Ienca & Andorno, 2017) y que son los siguientes:

El derecho a la libertad cognitiva, que garantizar√≠a la posibilidad de alterar los estados mentales propios mediante el uso de la neurotecnolog√≠a (y, tambi√©n, el negarse a hacerlo). El control soberano so¬≠bre la propia conciencia, a√Īade el autor, deber√≠a proteger tambi√©n el libre albedr√≠o, el cual es susceptible de ser manipulado mediante el uso de la neurotecnolog√≠a.
El derecho a la privacidad mental, evitando el uso ileg√≠timo de la informaci√≥n cerebral (los denominados como ‚Äúneurodatos‚ÄĚ e ‚Äúinternet del cuerpo‚ÄĚ).
El derecho a la integridad mental, que implica la protección del estatus neuronal en su dimensión sensorial, motora y cognitivo-emocional, teniendo en cuenta que mu­chas de las aplicaciones intervencionistas descritas más arriba podrían alterarla.
El derecho a la continuidad psicológica, que debería proteger frente a una posible alteración de la identidad individual y del concepto de uno mismo. Un ejemplo de violación de este derecho podría encontrarse en cualesquiera intervenciones que modi­fiquen los recuerdos, dado que la manipulación del pasado alteraría la identi­dad personal y la proyección de acciones futuras, pues la identidad personal está ligada a la experiencia del tiempo.
El artículo, interesantísimo en muchos extremos, requiere una reflexión bioética más profunda que será analizada en próximos informes.

Enrique Burguete. Observatorio de Bioética UCV
 
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