Toda actuación humana puede ser objeto de valoración moral porque tiene trascendencia en los demás o en el propio sujeto que la realiza. Nuestros actos no son moralmente indiferentes y cada decisión tiene consecuencias de las que somos responsables cuando actuamos libremente, para bien o para mal. Este planteamiento adquiere mayor relieve si la materia de nuestra actuación es directamente la persona, su salud y su vida, la historia de un ser humano y la de los semejantes que le rodean. Miguel Ruiz Canela
“En el siglo XX el progreso técnico ha abierto una senda que en el pasado estuvo solo en la imaginación de algunos literatos y visionarios; se ha vuelto factible la posibilidad de aplicar la tecnología a la transformación directa del ser humano. El transhumanismo no es más que el reconocimiento complacido de que esta posibilidad está ya ahí y la afirmación de que debe ponerse a nuestro alcance. En esta dirección algunos son lo suficientemente radicales como para anhelar la superación de la especie humana y su sustitución por una o varias especies posthumanas, que serían sus herederas evolutivas. El transhumanismo pretende no solo cambiar en el futuro al ser humano, sino antes que eso modificar sus valores, sus conceptos y sus prácticas”