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Debate bio茅tico sobre el principio de Beneficencia Procreativa
Autor: profesor Enrique Burguete Observatorio de Bio茅tica UCV [info@observatoriobioetica.org]

29/02/2016
El principio de Beneficencia Procreativa (BP) elaborado por Julian Savulescu [1,2], sigue copando buena parte del debate bio茅tico contempor谩neo sobre el inicio de la vida. Redefinido en 2009, con la colaboraci贸n de su compa帽ero de claustro en la Universidad de Oxford, Guy Kahane [3] el BP se enuncia actualmente como sigue:
Si las parejas (o reproductores individuales) deciden tener un hijo, y la selecci贸n es posible, existe una raz贸n moral significativa para elegir a aquel de cuya vida se puede esperar, en funci贸n de la informaci贸n disponible m谩s relevante, una vida mejor, o al menos no peor, de la que tendr铆a cualquier otro [3: 274].
El n煤cleo central del BP lo constituye la 芦exigencia moral禄 que supuestamente obliga a los padres a traer al mundo al mejor ejemplar posible, algo que s贸lo es posible mediante la fecundaci贸n in vitro. 脡sta permite, tras un diagn贸stico gen茅tico preimplantacional (PGD y PGS), disponer de informaci贸n relevante para determinar qu茅 embri贸n debe ser implantado, esto es: cu谩l ofrece mayores garant铆as de disfrutar de una vida saludable.
En un reciente art铆culo publicado en Journal of Medical Ethics [4], T.S. Petersen muestra que las objeciones planteadas hasta el momento a este principio han resultado infructuosas. De ah铆 que se atreva a proponer un supuesto pr谩ctico que desvela eficazmente las apor铆as del BP. Seguidamente, desarrollaremos someramente el art铆culo de Petersen, para exponer a continuaci贸n nuestra valoraci贸n 茅tica del principio planteado por Savulescu.
Para Petersen, el primer argumento fallido vino de la mano de J.A. Robertson, quien contrapuso a la 芦exigencia moral禄 de fecundar in vitro su 芦principio de Procreaci贸n Aut贸noma禄 (PA) [5]. Conforme a 茅ste, cualquier opci贸n procreativa es moralmente plausible siempre y cuando sea elegida por los progenitores de forma aut贸noma. Savulescu, sin embargo, le reprocha al PA que permite a los reproductores seleccionar al ni帽o con menores garant铆as de disfrutar de una vida feliz [1: 279-280].
El segundo argumento fallido alude al probabilismo infundado que subyace al PB. As铆, Parker cree que la b煤squeda activa de la descendencia m谩s 贸ptima a trav茅s de la fecundaci贸n in vitro, no garantiza que se obtenga la mejor versi贸n del hijo que podr铆a darse mediante la selecci贸n natural [6]. Pero Savulescu piensa que esta posibilidad no es 贸bice para que los padres procuren para sus hijos el mejor comienzo de la vida que sean capaces de prever, incluso si al hacerlo se equivocan [2: 287].
Petersen, en particular, apunta a la parcialidad moral del BP. De entrada, reconoce que se trata de un principio intuitivamente atractivo, pues los padres potenciales tienden a desear para su futuro hijo la mejor vida posible. De ah铆 que acepte la parcialidad hacia el hijo con mayores expectativas de disfrutar de una vida 贸ptima por raz贸n de su menor predisposici贸n a la enfermedad. Sin embargo, plantea una objeci贸n: dicha parcialidad no puede desatender las indicaciones de la raz贸n pr谩ctica y del sentido com煤n. En concreto, Petersen se plantea dos preguntas a prop贸sito de la supuesta 芦raz贸n moral significativa que asiste a los padres para seleccionar al ni帽o de cuya vida pueda esperarse mayor bienestar禄. La primera, qu茅 significa exactamente 芦tener una raz贸n moral significativa禄; la segunda, por qu茅 la parcialidad hacia los propios hijos es una 芦raz贸n moral significativa禄.
Respecto de la primera cuesti贸n, Savulescu entiende que son 芦moralmente significativas禄 todas aquellas razones que tienen una fuerza relativa mayor que el resto de razones morales que compiten con ellas. Respecto de la segunda, reconoce que el peso de estas razones s贸lo es evidente cuando se refieren al bienestar individual del hijo seleccionado en relaci贸n con los hijos que se desechan, pero no en relaci贸n a lo que define como 芦personas ya existentes禄, que para 茅l son las personas ya nacidas. Savulescu y Kahane admiten, de hecho, que 芦el PB requiere que la mayor铆a de reproductores seleccione el ni帽o m谩s aventajado salvo que al hacerlo se prevea una p茅rdida muy importante de bienestar de las personas ya existentes禄 [3: 281].
El supuesto pr谩ctico que -a juicio de Petersen- invalida el BP, se resume as铆:
Supongamos que una pareja tiene que decidir entre dos futuros hijos, A y B, que gozan de las mismas oportunidades para una buena vida. Sin embargo, A tiene un tipo de sangre que lo convierte en receptor.
Para Petersen, la parcialidad impl铆cita al PB aporta una 芦raz贸n moral significativa禄 para seleccionar al ni帽o A. Pero la raz贸n pr谩ctica y el sentido moral com煤n instan a la optimizaci贸n del mundo, lo que aconsejar铆a la selecci贸n de B. Por consiguiente, existe un conflicto insalvable entre la raz贸n pr谩ctica y el PB. Y para Petersen, la ciencia y la Filosof铆a moral deben inclinarse siempre por la racionalidad, evitando sesgos originados por la falta de informaci贸n y/o la distracci贸n causada por circunstancias irrelevantes [1:774].
Nuestra valoraci贸n 茅tica
Entendemos que la cr铆tica de Petersen desvela alguna de las antinomias del BP. Sin embargo 芦olvida禄 aspectos importantes de la cuesti贸n. Este olvido no es ajeno al actual estado del debate bio茅tico, cuya transici贸n, desde la instancia de fundamentaci贸n hasta la instancia de aplicaci贸n, se ha producido de un modo tan acelerado, que hace parecer que esta 煤ltima haya sido ya superada.
N贸tese, por ejemplo, que Petersen admite sin discusi贸n la eticidad de la 芦selecci贸n禄 de los hijos por parte de sus padres, a los que reiteradamente se refiere como 芦progenitores禄. De hecho, centra el dilema 茅tico del PB en dos cuestiones: en si existe o no un deber de parcialidad a favor del hijo con mayores posibilidades de disfrutar de una vida feliz; y en si esta parcialidad debe estar limitada por la raz贸n pr谩ctica y el sentido com煤n. No entra, sin embargo, en cuestiones bio茅ticas previas que tienen un car谩cter m谩s fundamental, y que enumeramos a continuaci贸n:
 Primera, que la selecci贸n propuesta por Savulescu s贸lo es posible tras el diagn贸stico preimplantacional de embriones fecundados in vitro. Y esto, de por s铆, presenta evidentes controversias bio茅ticas, m谩xime cuando se propone como 煤nica alternativa de procreaci贸n, disociando la paternidad del encuentro amoroso entre el hombre la mujer.
 Segunda, que la propia selecci贸n implica la 芦exclusi贸n禄 de los embriones no seleccionados.
 Tercera, que si los embriones excluidos pertenecen a la familia humana (aspecto sobre el que Petersen pasa de puntillas), tienen derechos inalienables. Y si algo define a los derechos del hombre es que no dependen del juicio de conciencia de los dem谩s [7:100 y 8:343]. Un derecho que puede ser derogado por aquellos para quienes es fuente de obligaciones, no merece el nombre de derecho [8:111].
Pero, sobre todo, Petersen se enreda en la malla tejida por los creadores del BP, a saber: el consecuencialismo. Esto es as铆 porque admite que es factible anticipar el futuro que les espera a nuestros hijos por la sola informaci贸n que aportan el PGD y el PGS. Nosotros, en cambio, no encontramos una relaci贸n de necesidad entre la salud del embri贸n temprano y las expectativas de disfrutar de una vida feliz cuando haya completado su desarrollo.
Del consecuencialismo, en efecto, no se extraen indicaciones concretas para la acci贸n moral salvo con el auxilio de suposiciones adicionales que, o bien no est谩n suficientemente acreditadas, o bien arruinan el propio principio consecuencialista. Estas suposiciones son: a) que el agente conoce todos los posibles estados globales del mundo que pueden darse en todo momento posterior a su actuaci贸n; y b) que el agente puede juzgar la funci贸n de cada una de sus acciones para cada uno de esos desarrollos globales [8:192].
Para que pueda cumplirse la primera de estas condiciones, deber铆amos ser capaces de anticipar todos los desarrollos globales posibles del proceso c贸smico, ya que la calidad de cada vida humana individual no es independiente de la secuencia de sus estados. Y este conocimiento es dif铆cil 鈥搃roniza Spaemann鈥 芦cuando nuestra mirada no abarca ni siquiera todos los desarrollos globales posibles de una sola jugada de ajedrez禄 [8:192]. Y si no podemos conocer todos los desarrollos posibles del mundo, dif铆cilmente podemos juzgar c贸mo influyen nuestros actos sobre los mismos. Pero aun salvando esta obviedad, para estar en disposici贸n de juzgar la funci贸n de cada una de nuestras acciones necesitar铆amos conocer el modo en que los dem谩s reaccionar谩n a 茅stas, pues de ello dependen realmente sus consecuencias. 驴C贸mo puede influir en un adolescente saber que si ha nacido es s贸lo porque su estado de salud era m谩s 贸ptimo que el de sus hermanos? 驴C贸mo integrar谩 que de haber estado enfermo hubiera sido desechado?
El consecuencialismo, por tanto, se ve obligado a imaginar que una optimizaci贸n a corto plazo, en un contexto limitado, tendr谩 repercusiones positivas tambi茅n a largo plazo. Pero no da razones de por qu茅 ha de ocurrir necesariamente as铆. De este modo se anula a s铆 mismo, pues promete m谩s de lo que puede cumplir. La pretensi贸n de someter todos los posibles procesos globales de sucesos del mundo a una comparaci贸n de su valor, llegar a ese respecto a una jerarqu铆a inequ铆voca y orientar la propia conducta con arreglo a su funci贸n de utilidad para un 贸ptimo transcurso de las cosas cae de lleno dentro del campo de la mera fantas铆a禄 [8: 215].
El BP, en definitiva, se enfrenta a una contradicci贸n insalvable: por un lado, afirma que el fundamento de determinaci贸n de la moralidad de la selecci贸n reside en la idea del mejor mundo posible, bien sea para el hijo seleccionado o, en su caso, para los ya nacidos y por el otro, se ve obligado a recaer en la mera fantas铆a, cuando afirma que seremos capaces de someter todos los posibles procesos globales de sucesos del mundo a una comparaci贸n de su valor, orden谩ndolos jer谩rquicamente y actuando en consecuencia. El criterio de adecuaci贸n a la estrategia de optimizaci贸n deviene as铆 inconsecuente para la valoraci贸n moral de nuestros actos. El BP, por consiguiente, resulta invalidado.
Por lo dem谩s, seleccionar a un hijo no es lo mismo que elegir un mueble para una estancia. Las personas somos 芦alguien禄, y no 芦algo禄. Y lo somos en todos los estadios de nuestro desarrollo. Y del 芦reconocimiento禄 del embri贸n como 芦persona禄 se derivan nuestros deberes hacia 茅l; su reconocimiento, en efecto, nos insta a mantener con 茅l un trato 茅tico. Este reconocimiento, en su nivel b谩sico, se traduce en la acogida y el respeto; y en su nivel personal m谩s elevado, cristaliza en el amor benevolente. La dignidad humana tiene una eficacia jur铆dica absoluta que proh铆be cualquier tipo de ponderaci贸n. Todas las personas tienen, sin discriminaci贸n alguna, el derecho inalienable a existir, con independencia de que su estado de salud sea m谩s o menos 贸ptimo. Cada vida humana tiene un valor absoluto, y 鈥揺n consecuencia鈥 es inaceptable pensar que una vida pueda valer m谩s que otra.
Referencias bibliogr谩ficas
1. Savulescu J. Procreative Beneficence: why we should select the best children Bioethics 2001;15:413-26.
2. Savulescu J. In defense of procreative beneficence. Journal of Medical Ethics 2007;33:284-8.
3. Savulescu J, Kahane G. The moral obligation to create children with the best chance of the best life. Bioethics 2009;23:274-90.
4. Petersen, TS. Journal Medical Ethics 2015;41: 771-774.
5. Robertson, JA. Children of Choice: Fredoom and the New Reproductive Technologies. Princeton University Press, 1994.
6. Parker M, The Best Possible Child. Med. Ethics 2007;33:279-83.
7. Spaemann, R. 脡tica: cuestiones fundamentales (7陋 ed.). (J. M. Yanguas, Trad.) Eunsa, 2005.
8. Spaemann, R. L铆mites. Acerca de la dimensi贸n 茅tica del actuar (J. Mardomingo, & J. Fern谩ndez, Trads.). Ediciones Internacionales Universitarias, 2003.


 
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